Vanesa tiene una cualidad que admiro mucho: hace que el bajo respire.
Hay músicos que ejecutan, y otros que hacen que el instrumento cobre vida. Ella pertenece a los segundos. Su sonido tiene esa mezcla justa de templanza y carácter, como la veta de una madera que aprendió a convivir con el tiempo.
La escucho y reconozco esa dedicación silenciosa que tanto valoro en el oficio: horas buscando el tono, el ataque preciso, la presencia justa.
Su camino como sesionista habla de apertura, de escucha, de adaptarse sin perder su identidad. Y eso, para mí, es una forma de artesanía también.
Me alegra profundamente que sea parte de este equipo. En cada nota suya siento ese mismo compromiso que pongo en cada guitarra: respeto por la música y por el trabajo que la sostiene.
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