Juan Salinas

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A Juan lo acompaña la música desde antes de saber lo que era un escenario.

A los cuatro años ya estaba ahí arriba, cantando un candombe junto a su padre, y desde ese momento quedó claro que la música no iba a ser una elección, sino una forma de vida. Primero la percusión, la batería, el cajón; después, a los once, la guitarra. Y como si el destino se encargara de marcar el rumbo, ese mismo mes vio en vivo a B.B. King y a Jeff Beck en el Luna Park. A veces una noche alcanza para cambiarlo todo.

Desde entonces, su camino fue creciendo con naturalidad, pero sin atajos.

A los quince años grabó por primera vez en Estudios ION junto a su padre en Entre 20 Aguas, un homenaje a Paco de Lucía que terminó ganando un Latin Grammy y reuniendo músicos como Chick Corea, Abraham Laboriel y Alejandro Sanz. Ese mismo año grabó Solo Salinas, un disco a dúo que forma parte del proyecto quíntuple El Tren, también nominado al Latin Grammy.

A los diecisiete empezó a escribir su propia historia como solista. Un año después lanzó Y la historia continúa, un disco doble grabado con Jorge “El Portugués” Da Silva, con su padre como bajista y productor. Ahí ya se escuchaba algo muy claro: Juan no estaba copiando nada, estaba encontrando su voz.
En los últimos años su crecimiento fue constante. Presentaciones como solista, giras por Europa, escenarios compartidos con Alejandro Sanz, Scott Henderson y Chris Cain, grabaciones en el estudio de Lito Vitale y homenajes profundos, como el dedicado a Nenette y Atahualpa Yupanqui junto a Soledad, Abel Pintos, Jairo y tantos otros.
Lo que más valoro de Juan es que todo ese recorrido no le quitó sensibilidad. Su forma de tocar sigue siendo curiosa, abierta, respetuosa de la música.

Por eso es un orgullo que sea embajador de Morone. Porque entiende que el sonido no se hereda: se construye todos los días, con trabajo, con escucha y con identidad.

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