Con Miguel me pasa algo que solo me ocurre con ciertos músicos: suena una frase y ya entiendo que ahí hay historia.
Hay guitarristas que buscan sorprender, y otros que simplemente dejan que el instrumento hable por ellos. Miguel es de esos. Su forma de tocar tiene la honestidad de una madera bien curada, esa que lleva tiempo, paciencia y vida encima.
En cada uno de sus discos noto lo mismo que siento en el taller cuando afino un detalle mínimo: intención. Nada está puesto porque sí. Todo tiene un porqué, una emoción detrás.
Cuando lo escucho, recuerdo que la guitarra no es solo un conjunto de partes; es un espacio donde uno vuelca lo que es.
Por eso para mí es un honor que Miguel sea embajador de la marca. Porque él no se adueña del sonido: lo comparte. Y en ese gesto hay algo profundamente humano, como la música misma.
OTRAS NOVEDADES