Javier tiene ese tipo de trayectoria que no se construye de un día para otro. Se nota cuando alguien caminó su camino con constancia, con humildad y con curiosidad, que es lo que mantiene vivo a cualquier músico.
Lo que más me sorprende de él no es la cantidad de escenarios que pisó, sino la forma en que sigue tocando: con la misma búsqueda de siempre, como si cada nota fuera una pregunta nueva.
Su bajo tiene un tono que me recuerda al sonido que busco en mis guitarras: claridad, peso y un carácter que no necesita levantar la voz para hacerse presente.
Hay músicos que empujan, y otros que sostienen. Javier sostiene, sostiene de verdad. Y eso crea cimientos, como en la construcción de un instrumento: lo que no se ve, es lo que hace que todo funcione.
Que sea embajador de la marca es un orgullo. Porque representa una manera de hacer música que respeto profundamente: sincera, consciente y hecha con oficio.
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