Joni Monty

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A Joni lo primero que se le escucha es el pulso.

Ese pulso que no se aprende solo con técnica, sino con escenario, con escucha y con mucha música compartida. Bajista, músico inquieto y productor, Joni se mueve con naturalidad entre el funk, el reggae, el rock y el pop, como alguien que entiende que el groove no es un estilo, sino una actitud.

Hoy es el bajista de Emanero, pero su recorrido viene de mucho antes y es amplio. Grabó con músicos de universos muy distintos: Jairo, Bahiano, Baltasar Comotto, Johanna Sciar, Hernán Jacinto, Thalía, Romina Vitale, Gonzalo Aloras, Facundo Monti, entre muchos otros. Eso habla de versatilidad, pero sobre todo de confianza: a Joni se lo llama cuando hay que sostener, empujar y darle identidad a una canción.
Compartió escenario con artistas enormes —Luis Salinas, Sandra Mihanovich, Julia Zenko, Playing For Change, Julieta Rada, Reik, Palo Pandolfo, Rosana— y también forma parte de proyectos donde el sonido y el groove son protagonistas, como su banda de funk y soul en el Hotel Faena, o HALKS DUO, donde compone, canta y produce junto a Johanna Sciar.
Hay algo que me gusta especialmente de su forma de tocar: el bajo no compite, construye.

Eso se escucha tanto en sesiones de estudio, como en cruces generacionales y homenajes profundos, como aquel tributo a Spinetta grabado en Romaphonic junto a Lula Bertoldi, Gaspar Benegas, Alejandro Kurz y tantos otros músicos que respetan la canción antes que el lucimiento.

Que Joni sea embajador de Morone tiene mucho sentido para mí. Porque entiende que el instrumento no está para sobresalir solo, sino para sostener una idea musical. Y cuando eso pasa, el sonido deja de ser solo sonido y se transforma en base, en identidad, en verdad.

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